PEIC en el Luís López Méndez 2006-07
20070121
  Antecedentes (I)

Sobre Historia de Táriba

Por: Lic. José Ernesto Becerra Golindano

El Paisaje

La ciudad de Táriba se encuentra a los 7º 51´ de Latitud Norte y 72º 13´de Longitud Oeste. En el Estado Táchira, ángulo suroccidental de Venezuela, aledaña a San Cristóbal, Capital del Estado. Se encuentra en la parte mas baja de las faldas del Cerro Mochileros en la orilla del Rio Torbes, casi enfrente de la desembocadura de la Quebrada La Machirí. El sitio donde se origina la ciudad es el ocupado hoy por las plazas Bolivar y Miranda, una pequeña meseta con escarpadas pendientes hacia el Sur (Río Torbes) y hacia el Oeste (Quebrada de Agua Gorda), estas características eran apreciadas para la defensa por los primitivos indígenas y luego por los Españoles. La meseta del asentamiento inicial y todo el emplazamiento actual están ubicados en el Valle del río Torbes y, como la mayor parte de éste, en la Depresión Central del Táchira.

Tal ubicación, la primera compartida con Cordero, Palmira y San Cristóbal, la segunda compartida además con Rubio, Santa Ana y los Capachos, dan a la ciudad de Táriba un carácter de protagonismo en el mundo de las comunicaciones. En la Depresión y precisamente por el Valle del Torbes pasaron los caminos de los aborígenes, de los conquistadores, de los colonizadores, de los Libertadores y de los comerciantes. También circularon por ellos los ejércitos de los procesos políticos de finales del siglo pasado y principios de éste, las cargas de café, los productos de La Petrolia y las importaciones de las casas alemanas. En esta zona están los caminos que unen los andes colombianos y venezolanos, los llanos occidentales y la depresión Zuliana. Por Táriba, o cerca de ella, pasan las carreteras Central del Táchira, Trasandina, Panamericana, de los Llanos y la que conduce a San Antonio, Cúcuta, Pamplona y Bogotá. Y, durante 400 años, aquellos caminos y hoy las carreteras han llevado a los peregrinos y devotos de Nuestra Señora de la Consolación de Táriba.

La otrora llamada Sultana del Torbes, es desde mediados del Siglo pasado la capital de una importante parcialidad político-territorial del Estado Táchira, el Municipio Cárdenas, antiguamente Distrito y Cantón según las anteriores divisiones constitucionales. El desarrollo de las comunidades del Municipio ha traído como consecuencia que las principales poblaciones, al crecer, se separen y continuen su propio camino. Este es el caso de Queniquea, Capital del Municipio Sucre; Palmira, Capital del Municipio Guásimos; y Cordero, Capital del Municipio Andrés Bello.

El territorio del Municipio se ve atravesado de Noreste a Suroeste por el Río Torbes y de Norte a Sur por el ramal Uribante de la Cordillera de Los Andes, el cual se desprende desde el nudo de El Zumbador.

La entrada de Táriba en la Historia

Como una Prehistoria: Los aborígenes

Antes de la llegada de los españoles, en la planicie de Táriba habitaban pequeños grupos de aborígenes en poblados de algunas decenas de bohíos. No se han encontrado restos de las construcciones o de la cultura indígena, por lo tanto, debemos conformarnos con los relatos de algunos funcionarios que visitaron la zona tachirense durante la Colonia. Por analogía, se puede recrear parte de la vida de los llamados indios Táriba, primitivos habitantes de la ciudad, al conocer la vida de los indígenas tachirenses. Especialmente aquellos pertenecientes a las familias Timotocuica y Arawac, pueden considerarse una buena referencia sobre lo que podrían ser “los Táribas”.

Táriba en la Historia

La primera referencia histórica sobre Táriba es consecuencia de la expedición enviada desde El Tocuyo por el séptimo Gobernador de la Provincia de Venezuela, el Licenciado Juan Pérez de Tolosa. Esa expedición, comandada por el propio hermano del Gobernador, Alonso Pérez de Tolosa, tenía como Maestre de Campo (Segundo al mando), a Diego de Losada quien veinte años después fundaría Caracas.

La expedición salió de la entonces capital de la Provincia de Venezuela, El Tocuyo, el catorce de Noviembre de 1546. Eran 100 hombres, sesenta a pié y cuarenta a caballo, que se dirigieron cruzando las montañas andinas hacia el Este, hacia la zona donde se encuentra hoy la ciudad de Guanare. Luego continuaron por el lado oriental de la Cordillera de Los Andes hacia el Sur, hasta llegar al río Apure. Después de detenerse a orillas de este río, ya en 1547 lo remontan, encuentran el Uribante, el Quinimarí y el Torbes, los cuales remontan a su vez. Al llegar al Valle de las Ahuyamas, o de Zorca, donde Juan Maldonado fundará San Cristóbal catorce años mas tarde, atraviesan el río Torbes y arriban a donde hoy se encuentra Táriba.

Los habitantes del lugar, los Táribas, repelieron la expedición de Pérez de Tolosa y Losada, hiriendo con flechas al propio comandante y algunos de sus hombres, y matando 6 caballos. Una vez rehechos los españoles, cobran venganza incendiando el poblado y poniendo en fuga a sus habitantes. La expedición continúa entonces su camino hacia los valles de Cúcuta, para regresar hacia El Tocuyo, después de muchas vicisitudes, sin volver a pasar por Táriba.

Táriba en los documentos

Al fundar la Villa de San Cristóbal, Juan Maldonado y Ordoñez de Villaquirán, el 31 de Marzo de 1561, los Táriba y sus tierras quedaron dentro de los límites de la nueva jurisdicción. Por referencia de algunos documentos se sabe que entre las primeras encomiendas, en el mismo año de la fundación probablemente, se asignó a un tal Juan de Salinas la de los indios Táriba. No se han encontrado mas datos. En 1564 y 1565, sendas disposiciones del Doctor Andrés Venero de Leiva (Gobernador y Capitán del Nuevo Reino de Granada y Presidente de la Audiencia), pone bajo el cuidado de Alonso Alvarez de Zamora a los Táriba, primero en un Apuntamiento y luego bajo la figura de Encomienda, conservándola hasta su muerte después de 1600.

La Imagen y los primeros milagros

La primera noticia documentada sobre la Virgen de La Consolación de Táriba la refiere el Historiador Lucas Guillermo Castillo Lara en varias de sus obras, ( La fuente es el Archivo Nacional de Colombia, en Visitas de Venezuela, Tomo XI, folios 560 y siguientes). El Visitador Antonio Beltrán de Guevara, estuvo en Táriba el 8 de Julio de 1602. En su Información Sumaria secreta aparecen algunas declaraciones, entre ellas la siguiente:

Fray Alonso de Torregrosa, Prior del Convento de la Villa y Cura Doctrinero de la encomienda de los Táriba: ¨Que tiene noticia de este pueblo de Carapo y Táriba habrá (hace) seis años, ...Que en dicho pueblo de Táriba ha habido hasta ahora Iglesia suficiente en el dicho pueblo, y que ahora pocos días ha cayó y tornan a hacer de tapia buena y que ahora se doctrinan en la Capilla de Nuestra Señora de Táriba...¨

Después de fundada San Cristóbal por Juan Maldonado en 1561, empieza la asignación de las tierras circunvecinas para ser explotadas por españoles, bajo la figura de la Encomienda. La zona de Táriba correspondió en ese mismo año a Juan de Salinas y en 1565 se le asigna a Alonso Alvarez de Zamora. Los hechos relacionados con la renovación ocurren en la casa de este encomendero y son protagonizados por su familia. Basados en el documento anterior y en la edad de quienes intervienen en los hechos, se considera que la mencionada renovación ocurrió entre 1590 y 1593. Los sucesos fueron recopilados por el Pbro. Doctor Ezequiel Arellano, Párroco de Táriba entre 1878 y 1893, quién los publicó en el periódico La Abeja, en su ciudad natal: Bailadores. Esta es su versión:

Los Agustinos de San Cristóbal desearon cristianizar a los Táribas y al efecto enviaron a dos religiosos de su Convento, sin mas equipaje que sus breviarios y una tabla en donde está la imagen de Nuestra Señora de la Consolación, advocación que se debe a Santa Mónica, madre de San Agustín. Los dos padres llegaron ya entrada la noche a la margen del río, que bajaba abundado; tomaron una caña amarga y allí ataron la tablita y asidos a la misma caña se echaron al río, que pasaron con facilidad haciéndoles imagen la luz de la tablita siguieron y llegaron a la mesa donde hoy está la Plaza Bolívar, en donde por lo pronto fijaron la caña con la milagrosa imagen y a su tiempo emprendieron su misión evangélica. En aquel lugar levantaron una Ermita donde oficiaban la Santa Misa.

Amparados por la Santísima Virgen, el Cristianismo quedó sembrado en esta región. Años después, los Guásimos y los Capachos hicieron una irrupción contra los Táribas, que huyeron del lugar, y los Padres también volvieron para su convento. Una mujer se llevó la Imagen a su casa y la colocó en un altar, pues era india cristiana. Dice la historia que desde los campos de Machirí y Pueblo Nuevo veían por la noche iluminada la casa de la mujer y venían a ver lo que sucedía...

Fundamentándose en los textos anteriores puede resumirse algunos puntos. En primer lugar, que en 1602 la Devoción por Nuestra Señora de Táriba tenía por lo menos 6 años según testigo presencial de calidad y formalmente documentado, esto ubica sus inicios por lo menos en la última década del siglo 16 . En segundo lugar, que la llegada de la tablita a Táriba es aún anterior, sin embargo las tradiciones orales, después de casi 400 años, tienden a sufrir modificaciones con el tiempo, por lo tanto no hay seguridad en las deducciones que se hagan a partir de la historia del Padre Arellano.

Existe otro documento que precisa la historia de la renovación milagrosa de la imagen de la Virgen. Se trata de la investigación realizada por el Dr. Juan Ibañez de Iturmendi, Examinador General o Visitador designado por el Arzobispo de Bogotá Fray Cristóbal de Torres, quien tomó la declaración jurada a los testigos a mediados de Febrero de mil seiscientos cincuenta y cuatro. En este, resaltamos los testimonios de Francisco Fernández de Rojas, para la fecha Alférez Mayor y Alcalde de la Villa de San Cristóbal y quien había recibido la encomienda de los Táribas, y de Fernando de Peralta. Ambos conocieron y hablaron muchas veces con los testigos del milagro y refieren una versión casi idéntica en sus declaraciones. Para evitar los inconvenientes de la lectura del castellano del siglo 17, copiaremos el resumen preparado por Mons. Pío Bello (Una Bella Historia, en Un Libro para la Historia, del Pbro. León Robuster).

Fue en la estancia de Alonso Alvarez de Zamora, uno de los primeros pobladores de Táriba, quien residía allí con su padre dedicado a las faenas agrícolas. Tenía visita Alvarez de Zamora, pues estaban pasando el día con el algunos amigos que habían acudido aquel día, de San Cristóbal. Uno de los visitantes era el joven Juan Ramírez de Andrade, que andando el tiempo sería Alférez Real de la ciudad de Pamplona. Mientras los adultos hablaban, los jóvenes decidieron organizar una partida de bolas. Tomaban parte en el juego el mencionado Ramírez de Andrade y tres de los hijos del anfitrión, a saber Gerónimo de Colmenares, Alonso Alvarez de Zamora y Pedro de Colmenares.

Durante el transcurso del juego se les rompió una de las paletas que usaban para el mismo. La búsqueda de alguna tabla, con la que pudieran suplir la paleta rota, los condujo a la despensa de la estancia en que se guardaban las cosechas. Allí encontraron una tablilla que parecía haber sido imagen, a juzgar por la guarnición que aún conservaba; pero ni la guarnición estaba barnizada, ni se podía distinguir figura alguna. Decididos a partirla, la golpearon sin éxito contra una piedra. Intentó lo mismo Gerónimo con un cuchillo. Salió en ese momento de la casa la madre de los muchachos y, airadamente, los reconvino por la irreverencia que estaban cometiendo contra la que ella conocía que había sido imagen sagrada; quitándosela, volvió a guardarla en la despensa, colgándola de una estaca en la pared.

Era poco después del mediodía. Algunas horas después, hacia las cuatro de la tarde, con sorpresa, advirtieron que la despensa resplandecía como si se hubiera incendiado. Corrieron todos, ansiosos, hacia ella para apagar el fuego que parecía amenazar la casa toda; pero mayor fue aun su sorpresa cuando, al penetrar en la despensa, cayeron en la cuenta de que la luz brotaba de la tabla, y que en ella aparecía, claramente dibujada, la imagen de Nuestra Señora.

De acuerdo con las referencias anteriores, los dos primeros milagros de la imagen son realizados en el siglo dieciseis. El primero es el auxilio a los monjes cuando pasan el río, y el segundoes la renovación de la imagen que debió ocurrir en la primera parte de la última década del siglo y, por lo tanto, la llegada de la imagen debería fecharse algunos años antes (para justificar el deterioro que impidió a los jóvenes reconocerla), tal vez a finales de la penúltima década del siglo. El primer milagro posterior a la renovación del que se tenga noticia, está documentado en la visita de Ivañez de Iturmendi de 1654. Fue la curación de una apostema (Abceso) en la garganta “...que no podía volver a una parte ni a otra el rostro...” . La enferma era Doña María de Rojas, hermana del Capitán Francisco Fernández de Rojas y madre del Doctor Don Juan de Jáuregui, cura de Mérida. A sugerencia de su hermano el Capitán Fernández de Rojas, prometió unas novenas “...a Nuestra Señora de Táriba...”, una hora después reventaba el abceso. Algunos años después, la señora de Rojas acompañada de su hijo sacerdote, el Doctor Jáuregui, un sobrino y otras personas, lograron visitar en Enero de 1638 a la sagrada imagen. Estando rezando de rodillas frente a ella “vieron que estaba haciendo milagros, porque le hallaron algunas gotas de sudor casi en la fiambria de la saya de la Santa Imagen, y una tan grande que la quitó dicho Doctor Jáuregui con la cruz de un rosario...”.

Otro de los primeros milagros documentados en la visita señalada ocurrió en Agosto de 1635, cuando al recogerse la cera gastada en las velas para la celebración (Día 15, de la Asunción), aparecieron algunas onzas mas de las que comprara inicialmente el Capitán Juan Ramirez de Andrade, Teniente de Gobernador y Justicia Mayor de la Villa, al vecino Fernando de Peralta para entregarlas al Padre Mateo Ramírez de Angarita.

Otro de los milagros referidos en la visita del Examinador General, Ivañez, ocurre en el mismo 1638 cuando un indio llamado Lázaro quien recibió dos puñaladas fatales, y luego de prometer una novena a la Virgen e ir a trabajar en el templo gratuitamente siempre que fuese necesario, las heridas sanaron, “... quedando espantados de ello todos...”.

 




<< Página principal
Blog en el que se comparte el material con que se elabora el PEIC 2006-07 de la Unidad Educativa Nacional Liceo Bolivariano Luís López Méndez

Mi foto
Nombre:
Lugar: Táriba, Táchira, Venezuela

Blog elaborado y/o administrado por este Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales (UCABET, 1979), residenciado en Táriba, Municipio Cárdenas del Estado Táchira, en la República Bolivariana de Venezuela. Carrera 5 Nº 5-30, Tlfs. 0424 753 4227, y 58-276-3943720. joseernestobecerra@gmail.com y en twitter @joseernestob

Archivos
200612 / 200701 /


Powered by Blogger

Suscribirse a
Entradas [Atom]